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viernes, 26 de agosto de 2016

nuevos apuntes sobre el Crotalón (1)


VILLALÓN CONTRA LAS PEREGRINACIONES JACOBEAS

 

Embasicetas o embasicoetas es la palabra con que Plauto designa a bujarros bardajes y corruptores de menores y de aquellos polvos aquestos lodos, el que va de romería se arrepiente al otro día.

—No me vengas ahora con mariconadas, Verumtamen. A buenas horas mangas verdes. Mira lo que dice Juan Matalas callando: " La mejor romería es el camino real que lleva al cielo con la guarda de los mandamientos de la ley a maza y escoplo y estos sin caminar leguas se pueden cumplir todos ¡Cuantos peregrinos reniegan y blasfeman y se emborrachan o toman lo que no es suyo. No es menester ir a Hierusalen o a Santiago para salvarse."

Y me pregunto yo ¿quien quiere salvarse en estos tiempos cuando son tan pocos los que creen en la vida eterna? El vivo al bollo y el muerto al hoyo calollo, y pobre del que se muere. Nada quiere saber de la Pelona la sociedad moderna. Por eso hace la gente tanto deporte y guardan régimen. No fuman. No beben, no...; y no saben que los que no fuman con frecuencia la palman antes.
Los embasicetas están bienquisto y tienen por bandera el arco Iris. Las poligoneras no hacen falta que se encomienden a santa Magdalena. Son la honra de la republica y las proclaman reinas de las mañanas.

 Sales a la carretera y te encuentras a esos nuevos peregrinos de la calixtenia y de la vida higienica que aspiran a ganar el jubileo de la salud eterna. Portan por bordón un casco de acero sudando la gota gorda sobre el cuadro y el manillar de su maquina a pedales. Pero como ven poco, y hay tanto aprensivo por las arterias de la circulación a veces son arrollados por un automovilista borracho.
Ya ves tú: es un peligro lanzarse a la carretera a ciertas edades. Mejor estarse quieto en casita porque un buen libro dispersa el aburrimiento y es preservativo contra esta accidia general que corroe a los hispanos. Eso es peredicar en desierto, Verumtamen. Ya lo sabemos. Aquí no agarra un libro ni dios. Se pretende la vida ágrafa. Para saber ya tenemos la tele vamos a contar mentiras tralalá.

Los programas de Doña Champions la Perchelera puta la madre y puta la hija y puta la sombra que los cobijas ganan mucho dinero, pasándoles la pluma por el pico a  los embasicetas y por ahi van las costumbres en medio de la cultura de la queja y, aunque haya algunos que creen haber descubierto el mediterráneo, estas peregrinaciones ciclistas como las romerías a Santiago ya eran motivo de escarnio para autores de la edad media.
Yo de mis peregrinaciones jacobeas tengo muy mala experiencia. Algún día las contaré si dios es servido.

Plumas tan significadas como el doctor Laguna, Chaucer y el propio Cervantes se meten con ellas.
Un libro y un amigo quiero yo en mis lares y un camón y silla de coro para cantar el Domine labia aperies.  Abrid, Señor, mis labios. Clama, no ceses.

Que a estas y a las otras ya se las dirán de misas por más que den señales de haber ganado el jubileo de la juventud eterna. Los que van con flores a la diosa televisiva todas las tardes mejor estuvieran rezando el rosario.
Constituyen el manantial de inspiración de la novela picaresca estas flores de jara y estas hijas de la piedra. Venid y vamos todos, sin movernos del confidente de nuestro cuarto de estar a empaparnos de chismorrerías de las celestinas mediáticas, las nuevas alcahuetas.

Todos pegados al tele de plasma a los novelones de Cuentame y a la telebasura de Telercrap.

Saltan aquí de nuevo al ruedo los personajes creados por Mateo Alemán por Delicado Baeza, Castillo Solorzano y otros, que España es nación  vieja, que aguanta todo lo que le echan, y todo esto nos parece deja vu, o visto para sentencia.
Yo me figuro que la señora Champions y su hija que parece mas joven que ella es la Niña de los embustes resurrecta. Asi y todo puta la madre puta la hija y puta la manta que las cobija. 

Ojo, Pablos, que asan carne, recomienda Quevedo copiando el estilo del Satiricón.
Existe un paralelismo semantico y de trama entre el Lazarillo de Tormes, el Crotalón y el Viaje a Turquía, salvando las diferencias del tono narrativo del primero con el estilo moralizante y gnómico de los libros que firma el Segoviense que ni puede ser otro que el doctor Laguna. El Lazarillo debió de ser un libro de juventud obsesionado por el hambre y la desventura en que vivían gran parte de los españoles en el periodo más álgido de su historia que fue la España imperial. Al parecer, Laguna fue médico de las galeras y eso le dio ocasión para describir la miseria de aquellos "infiernos flotantes" en tierras de Solimán.
Se trata de verdaderos thrillers a la moderna. Viva nuestra literatura y abajo los telefilmes, los talkchous y los realitís tan irreales que aburren a las ovejas.

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